En este primer domingo de Adviento, el Evangelio nos recuerda que la venida del Señor no se espera con prisas de compras o luces navideñas, sino con un corazón despierto. El P. Javier nos invita a estar atentos a la presencia de Dios que llega cada día en el rostro del pobre, del enfermo, del que sufre. Prepararnos significa abrir los ojos, la mente y el corazón para reconocerlo y para responder con compasión y misericordia. Que el Señor nos conceda la gracia de vivir alertas, listos para encontrar a Cristo en cada persona que se cruza en nuestro camino.